'Hay un okupa en mi nicho'

Cerca de 80 escaleras separan la N-340 del cementerio de Torrenueva que se erige en una pequeña loma con vistas al mar. Apenas llega el ruido del tráfico que fluye a los pies del montículo mientras que la brisa marina atraviesa el camposanto de puerta a puerta. No es de extrañar que alguien quiera pasar la 'otra vida' en este lugar. Eso es lo que pensaron Ángel y María, un matrimonio granadino cuyos nombres reales se han querido reservar. Hace más de 20 años adquirieron por medio de un abono bancario dos nichos valorados en 10.000 pesetas cada uno -60 euros en la actualidad-. "Solemos veranear en Torrenueva, el pueblo nos gusta mucho y hablamos con un amigo que llevaba el cementerio para que cuando me muera me entierren allí", explica Ángel.

Feliz con ese sueño, Ángel recibió hace unos meses una llamada de su hijo que parecía una broma de mal gusto. Una amiga residente en la Costa había llamado para darle el pésame a su hijo por la muerte de sus padres, porque había visto en su nicho lucía una lápida. Vivo y coleando, Ángel se puso en contacto con la persona encargada de la administración del cementerio. Este le contestó que era "imposible" que eso hubiera ocurrido que él "no había dado su permiso", relató Ángel. El nicho estaba cubierto por una placa con las iniciales de Ángel y María, que fue destruida para dar cabida a unos cuerpos inertes desconocidos".

Así empieza la historia que me hizo levantar el culo de mi asiento de editora web y me llevó al cementerio de Torrenueva la semana pasada para huir del frío de Granada y a refugiarme al calor de la Costa Tropical.



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Nada más llegar al anejo aparqué junto a un bar para preguntar el lugar del cementerio. No tuve más que mirar hacia arriba del dedo que me señalaba el lugar. Había parado justo enfrente. El camposanto estaba cerrado, no obstante una señora se ofreció a sacarme una llave -todos los vecinos tienen una-. Se la dejé pagada aunque no volví porque conseguí colarme. Unas amables señoras me dejaron pasar.

Una lápida de un matrimonio fallecido en 1984 y 1990 reza en el lugar reservado años atrás por Ángel. Los fallecidos no son de Torrenueva, según las indagaciones de Ángel. Las fechas de fallecimiento le hacen sospechar que se trata de un traslado. "A lo mejor le ha cumplido el plazo y por eso han ocupado mi nicho", se lamenta. "Lo que no entiendo es por qué no los han metido en otros nichos que no tenían tapa y que estaban más bajos, porque el mío encima es el que está más alto", matiza.

Dispuesto a recuperar su sepulcro con vistas al mar, hace dos meses colgó un cartel frente a su propiedad necrológica para reivindicar su pertenencia: "El propietario legal de este nicho, ordena a quienes sin mi permiso han decidido ocuparlo, contacten con Luis Illescas (administrador del camposanto) para hacer el desalojo", explica el edicto. "Puse el letrero para que me den una explicación y para que lo desalojen", protesta. En dos meses no ha recibido respuesta alguna.

La desazón de Ángel es mayor cuando le consta que existen otras tumbas libres. "Habiendo otros nichos vacíos, no tiene nadie que romper la placa y poner su propia lápida", argumenta. El dinero invertido en el lecho fúnebre es lo que menos le importa. "Estoy dispuesto a ceder el dinero a las Hermanitas de los Pobres", asegura.

Puesto a reclamar Ángel se da de bruces con el propio sistema anárquico que reina en el lugar. En una visita al camposanto de Torrenueva comienza el descubrimiento de una fórmula de autogestión vecinal común en la Costa. Cada vecino tiene su propia llave del recinto, una señora se ofrece incluso a sacarle una copia al foráneo cuando le pregunta dónde se encuentra el cementerio.

Al subir la empinada escalera que separa el campo de los muertos de los vivos, una de las dos puertas que franquean el sacramental se encuentra abierta. Dos señoras me dejan pasar amablemente. Compruebo que, efectivamente, el nicho de Ángel está ocupado y que su cartel permanece a la vista de todos, con una flecha inquisidora, pero aún sin respuesta. Merodeando por el recinto llego a una zona pendiente de derribo, según me informan después. Un bloque de nichos encarados al muro exterior apura sus últimos días. La imagen es desoladora. Ladrillos y lápidas de tumbas exhumadas yacen desperdigadas por el suelo. En el enjambre de nichos que aún permanece en pie se pueden observar ataudes abiertos que muestran sus viejos acolchados estampados. Otros presentan sus tapas desvencijadas. Una triste estampa desaliñada que contrasta con la pulcritud del resto del recinto, donde esas dos señoras se afanan en sacar brillo a los suyos.

Cada cuál entierra donde quiere, cómo ha sufrido Ángel en sus propias carnes. Carteles disuasorios dan muestra de ello: "Por favor no entierren en este lateral. Gracias. La Junta". "Como la persona que regenta el camposanto lo hace de forma altruista, no quiere tener enfrentamientos con los vecinos, aunque si están tapados los nichos deberían respetarse", explica una portavoz de las personas que cuidan el sacramental.

-"¡Señorita, señorita".

Es hora de irse, las amables señoras me llaman para que abandone el lugar.

"Es mejor venir acompañada"- me dice una de ellas. Supongo que mi cara debió palidecer frente al acolchado mortuorio.

El cementerio pedáneo se autofinancia y es independiente del Ayuntamiento motrileño, explica el concejal de Mantenimiento y Obras Públicas del Ayuntamiento de Motril, Francisco Alcaraz. "Lo gestiona el vecindario que paga todos los años una cuota anual", agrega.

El administrador, un vecino de Torrenueva de 75 años, lleva la gestión del camposanto desde hace 30 años. "Estaba abandonado y lleno de matojos y dos personas más junto a él decidieron tomar las riendas", explica la misma portavoz. En estos momentos están trasladando nichos, explica, de ahí el aspecto que mostraba la zona de ataudes al aire. No todos los enterramientos han cumplido el plazo de exhumación que exige la ley para abrir una tumba -en torno a los cinco o diez años-, y la dejadez por parte de los familiares también hace mella.

El encargado del cementerio de Motril, Antonio Pérez, da más detalles al respecto. "Desde que tenemos uso de razón, en Torrenueva cada uno se hacía su nicho, pero ya funciona como una asociación de vecinos", relata. "Las costumbres hacen la Ley. Como funcionaban bien se ha dejado que sigan con sus costumbres", sentencia. Hace años el cementerio estuvo a punto de ser gestionado por el Ayuntamiento motrileño, pero finalmente se paralizó la anexión. No obstante, los registros de enterramientos se llevan por duplicado. Tanto el responsable de Torrenueva como el de Motril reciben las órdenes de enterramiento de la pedanía.

"El cementerio se ha quedado pequeño y pegado al núcleo, por lo que pronto tendrán que hacer algo", opina Antonio. Entonces, los vecinos de Torrenueva descubrirá el lado más monetario de la muerte, ya que gracias a esta fórmula de gestión el pueblo se ahorra gran cantidad de dinero. De pagar 500 pesetas anuales-tres euros- cada familia a una cuenta de ahorro y algo más de 400 euros por nicho, tendrán que enfrentarse a las tarifas del siglo XXI. Contratar a una persona para que cuide el lugar y un desembolso mayor para acondicionarlo.

Ángel confía en encontrar a los familiares de los 'okupas' de su sepultura. Morir en Granada capital cuesta hasta cuatro veces más y encima no tienes vistas al mar.

El precio de la 'otra vida'

Torrenueva no es una excepción. Los cementerios de Carchuna, Calahonda, La Garnatilla, Los Tablones y, hasta hace pocos años, Lobres también son gestionados por la comunidad vecinal. Los lugareños tienen sus propias llaves para acceder a un camposanto sin vigilante ni más administración que la ciudadana. Gracias a esta fórmula, la Costa está exenta de los altos costes que supone un enterramiento una vez que el seguro deja de cubrirnos.

El Torrenueva, un nicho cuesta algo más de unos 400 euros. Antiguamente se estableció una tasa anual de 500 pesetas por familia -tres euros en la actualidad-, que no todos cumplen, según apunta una portavoz de las personas que gestionan el cementerio. Cuando hay fondos, se invierte en mejoras. Los nuevos nichos se construyen bajo demanda.

Motril presume de tener las tasas de enterramiento más bajas de España, según explica el encargado del camposanto motrileño, Antonio Pérez. Existe una concesión de nicho durante 40 años por unos 463 euros con el compromiso de mantenerlo en buenas condiciones, ya que de las obras se encarga el propio cementerio. Además, no existe una cuota de mantenimiento. Los módulos de nichos nuevos están numerados que se van ocupando por riguroso orden, lo que no da a lugar a peticiones extravagantes. Los enterramientos no se pueden exhumar hasta pasados diez años. Cuánto más alto es un nicho más barata es la tasa que se paga con descuentos en la tercera, cuarta y quinta fila de hasta un 40 o un 50%. Los nuevos valen todos igual.

En la capital, las tasas son mayores. En el cementerio de Granada las concesiones de nichos se hacen por 5 y 75 años. La primera cuesta 420 euros y la segunda va de 1.170 euros a 1.520 euros, según la fila, explica el gerente de la Empresa Municipal de Cementerio y Servicios Funerarios de Granada (Emucesa), José Antonio Muñoz. Existe además una tasa anual de mantenimiento de entre 11 y 33 euros.

Comments (2)

Nicolás Robinson García

4 de marzo de 2010, 5:10

La verdad es que la historia parece extraída de un episodio de los Soprano, un relato realmente sorprendente y algo tétrico :)

Verónica Carmona

4 de marzo de 2010, 6:04

Las cosas que pasan en un cementerio suelen serlo :-P