Se acabó la Campus... y las vacaciones

A partir de mañana, vuelta al PC, aunque estas vacaciones he estado más conectada que nunca. Sorprendente la cultura Wi-Fi de Galicia. Todos los locales a los que entré, bien para desayunar, comer o tomar café, tenían Internet y el hotel también, por supuesto gratis.

Me dejé caer por la Campus Party de Valencia, donde tuve mi dosis de periodismo y aluciné subiendo fotos a Flickr a una velocidad jamás experimentada. Volver a casa con mi contrato con Ono de un Mega ha sido muy duro.

Para que no me entrase el mono de escribir tuve la precaución (sarcasmo 100%) de dejarme trabajo pendiente y todas las semanas he sacado mi religioso ya artículo de Turismo en la Red mientras hacía de turista.

Gastronómicamente, me quedo con la mariscada de O Grove. He huido del calor del sur aunque me he mojado hasta las entrañas.

Llegué al fin del mundo, a Finisterre. Y me volví a mojar. Lo mejor después, un café caliente, que no caña.

Me quemé con fuentes de aguas calientes y me refugié en los soportales de Orense. Recorrí las murallas de Lugo y sostuve con mi mano la Torre de Hércules de A Coruña.

Literariamente, me quedo con Salamanca, tras pasear por el Huerto de Calixto y Melibea y observar al Lazarillo de Tormes. Bella, bella ciudad que tiene un astronauta en su catedral.

En Santiago flirteé con Valle Inclán. Pensamos largo y tendido pero sin cruzar palabras ni miradas.

Peregrina en ciudad extraña me gustó ver caras conocidas.


Nos vemos mañana en casa.