La insoportable levedad del ser

"Cada uno cogió un extremo de la sábana sobre la que yacía. Teresa por las patas y Tomás por la cabeza. Lo levantaron y lo llevaron al jardín.

Teresa notó que la sábana estaba mojada. Llegó a nosotros con un charquitoy con un charquito se fue, pensó y se alegró de sentir en las manos aquella humedad, el último saludo del perrito.

Lo llevaron hasta los manzanos y lo depositaron en el hoyo. Se inclinó sobre él y le arregló la sábana de modo qe lo cubriera por completo. Le parecía insoportable que la tierra, que dentro de un momento iban a echar encima de él, cayera sobre su cuerpo desnudo.

Después volvió a casa y regresó con el collar, la correa y un puñado de chocolate que había quedado desde la mañana intacto en el suelo. Lo tiró todo por encima de él.

Junto al hoyo había un montón de tierra fresca. Tomás cogió la pala.

Teresa se acordó de su sueño: Karenin parió dos panecillos y una abeja. De pronto aquella frase le sonaba como un epitafio. Imaginó entre los dos manzanos un panteón con ese texto: "Aquí yace Karenin. Parió dos panecillos y una abeja".

El jardín estaba en penumbra, era el momento que va del día a la noche, en el cielo brillaba una nube pálida, la lámpara olvidada en la habitación de los muertos.

Los dos tenían los zapatos manchados de barro y llevaban la azada y la pala al cobertizo en el que estaban las herramientas: el ratrillo, el pico y el azadón".

'La insoportable levedad del ser'
Milan Kundera

Comment (1)

Carlitos

7 de septiembre de 2009, 0:43

:)