Cuando el vino se convierte en arte


La historia del vino, que data de hace más de 10.000 años, ha encontrado un lugar donde se ha convertido en arte para ser conocida a fondo: El Museo de la Cultura del Vino de la Dinastía Vivanco.

A lo largo de 9.000 metros cuadrados, distribuidos en cinco salas de exposición permanente, una sala de exposición temporal, un centro de documentación, un restaurante y una enotienda, el visitante puede pasear por la historia y la cultura del vino.

Lejos del asfalto de las ciudades, el Museo del Vino se alza rodeado de los extensos viñedos de la Dinastía Vivanco. Este paraíso para los amantes de la vitivinicultura se encuentra en Briones, un pequeño pueblo de tradición vinícola en la Rioja Alta (España), tierra del vino por excelencia que cuenta con su propia denominación de origen mundialmente conocida, el Rioja.

Las instalaciones, inauguradas en 2004, cuentan con un diseño contemporáneo que ha sabido adaptarse a la arquitectura tradicional de las bodegas. El Jardín de Baco, que cuenta con una colección universal de 200 clases distintas de vides, muestra al visitante que no todo museo alberga naturaleza muerta.

El museo cumple su ciclo completo al proporcionar servicios tales como una enotienda, donde adquirir desde un buen caldo a un sacacorchos, así como un restaurante donde saborear hasta cuatro menús distintos.

La exposición

Si el proceso de la elaboración vino cuenta con un orden inexorable, la visita al museo atiende al mismo. Su primera sala ‘Nacer crecer y madurar’ introduce al visitante en la historia del proceso de cultivo de la vid y su elaboración a través de paneles informativos, audiovisuales e interactivos.

Instrumentos de poda, arados y corquetes se muestran en esta sala sin apenas cambios con respecto a los actuales, inalterables a pesar del paso del tiempo. Pero la exposición también refleja los cambios allegados con la Revolución Industrial del siglo XIX en España que produjo la mecanización del campo.

Con la elaboración de los caldos, sucedió algo similar, aunque la sala muestra los avances que convirtieron al laboratorio en el mejor aliado del bodeguero.

En la primera planta, se encuentra la siguiente parada: ‘Guardar las esencias’. En esta sala, más pequeña que la anterior, se puede apreciar los distintos contenedores que han guardado los caldos, así como las herramientas para fabricarlos: Desde cómo se elabora paso a paso una barrica hasta una colección de botellas desde la época romana hasta nuestros días.

La sala de 'El sueño'

Sin dormirse, porque ese no es el objetivo, el visitante pasa a la siguiente estancia, ‘El sueño’. La fase de reposo y a la vez actividad en la elaboración de los caldos se ve reflejada en esta sala, de grandes dimensiones, donde se admiran bombas, filtros y canillas propias de los trasiegos, clarificados y filtrados del proceso. La culminación llega con el embotellamiento, con piezas como encorchadoras y etiquetadoras.

La cuarta sala, ‘Arte y símbolo’, alberga una colección de arte y arqueología relacionada con el vino como fuente de inspiración de artistas. Así el visitante puede disfrutar de ‘La bouteille de vin’ (La botella de vino) de Picasso y una cerámica del S.IV a. C., entre otras piezas de gran valor.

La visita termina en la degustación del caldo. La sala ‘Abrir, servir y beber’ muestra una colección internacional de sacacorchos con casi 3.000 piezas de este aparente sencillo instrumento. A ello se suma otros objetos propios de la cata y elementos de servicio que datan de la antigüedad clásica.

Con el olor y sabor del vino en los labios, culmina este paseo por la cultura del vino que puede prorrogarse con la visita a la Bodega de la Dinastía Vivanco, anexa al museo, o por las más de 500 bodegas que alberga la Rioja, el paraíso del vino.
(Artículo publicado para el Master de Periodismo y Comunicación Digital)

Comment (1)

musikboy

12 de diciembre de 2008, 1:17

Este sitio es una pasada. Realmente en cualquier bodega que entres aprendes muchísimo aunque ésta es especialmente didáctica.